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Sola (dos miradas de un corto viaje)


Tanto deseaba ser invisible que no era consciente de que en realidad lo era. Menos para mi.

Sentado frente a ella, en un vagón lleno de gente que apura las últimas horas de un viernes convertido ya en sábado. De gente que empieza a disfrutar un sábado que aún no ha amanecido. Allí están, de repente. Unos ojos vidriosos enmarcados en una cara que otro día no habría llamado mi atención.

Con un paradójico abrigo rojo que irradia vitalidad, un bolso negro como su rizado pelo corto, intenta contener sin éxito las lágrimas que ruedan irrefrenables  por sus mejillas. Sólo al llegar a la comisura de los labios, un pañuelo ya mojado corta el camino hacia el final de su rostro. Hasta que un indomable sollozo vuelve a desbordar el lagrimal. Sola.

Absorta, en busca de un punto fijo en el infinito del que apenas la separan unos centímetros. De vez en cuando saca un teléfono y se fija en su pantalla. Quizá repase fotos. Quizá lea un mensaje. Qué le pasa a esa mujer. Qué ha despedazado su corazón. Sola.

Pienso en acercarme, ofrecerle apoyo, preguntarle qué le sucede. No lo hagas. Nada hay más íntimo que el dolor. Mas no estoy tranquilo. No logro apartar mi mirada y trato de leer su mente encharcada. Sola.

Mi cabeza bulle cada vez más. Llega mi parada. Resulta ser también la suya. Seca su rostro. Respira hondo. Se recompone. Se levanta. Al fin podrá huir del corro de miradas inquisidoras que en realidad la ignoran. Acelera el paso. Intento seguir su ritmo. Imposible. Su estela roja se pierde en la negritud de una calle solitaria. Sólo ella sabe a dónde. Sólo ella. Sola.

Me descubro con prisa por llegar a casa, incapaz de borrar mi retina. Algo me impide entregarme al sueño sin escribir sobre la mujer que consiguió ser invisible cuando más observada se sentía por la multitud. Sola.

                               Madrid, línea 5.

          22 (ya 23) de abril de 2016

Alberto Escalante Leno

 

Solo…

Una estación más.

Un nuevo grupo  sale del tren esperando que la excitación de la noche los encuentre para desbordar sus deseos. Los mismos deseos que el alcohol hace que floten como la espuma de una caña derramada de un sifón sin control.

El  vagón queda en un relativo silencio de expectación a la próxima parada. Observo a todos pero nadie me observa a mí. Estoy de pie en una de las puertas intentando que el sueño  resista un poco más.  

Una nueva parada.

Esta vez unos pocos suben, parecen más cansados que animados.  Mi atención se centra en la figura de un hombre. Su altura destaca entre los demás. Tiene un aire de otra época y tiene más aspecto de venir del trabajo un día miércoles pero un traspié delata que ha sido una noche de copas.

Tiene una expresión plana, los cristales de sus gafas dejan ver unos ojos enrojecidos que se pasean sin intención entre la gente. Repentinamente su mirada se posa en algo que está justo delante de él. En principio parece sorprendido y retira la mirada como quien sabe estar cometiendo una falta, nadie lo ve…  excepto yo.

Vuelve a posar sus ojos en el mismo lugar, como escudriñando respuestas en un libro en blanco. Se mueve ligeramente como quien está a punto de decir algo importante pero se detiene. Qué está pensando este hombre. Qué dudas rondan sus  pensamientos como si la vida se le fuera en un viaje de siete estaciones.

Una parada más.

Las puertas se abren  y sale una mujer de chaqueta roja seguida por la mirada de aquel hombre que como hipnotizado sigue sus pasos con prudente distancia. Las puertas se cierran y a través del cristal logro distinguir un llavero en forma de pelota de baloncesto que desaparece con la rapidez del tren.

Siento un sobresalto en mi cuerpo… He perdido mi parada… ahora estoy en un vagón vació de historias por adivinar…

Solo..

Melina Victoria Mireles Blanco-U

23 de abril de 2016

 

La chica junto a la puerta lleva sin moverse un buen rato. Por momentos parece que sus párpados no aguantan el peso del cansancio. Pero algo la mantiene despierta. Alerta. Como el elefante que observa sin mover un músculo pero sin bajar la guardia. Tiene un aire latino, pero no estoy seguro. Quizá sea italiana.

La miro a través del reflejo de la ventana, donde su figura se mezcla con las paredes del túnel del metro.  La megafonía anuncia la siguiente estación que enseguida ilumina el vagón. Cuando se abren las puertas, un grupo de viajeros sale a toda prisa buscando un vaso lleno, otros suben con síntomas de haber vaciado más de uno en sus cuerpos adornados para el cortejo sexual. El pitido anuncia que el maquinista va a reprender la marcha. La chica se sobresalta. Intenta colocarse el abrigo y el bolso para deslizarse entre las puertas antes de que se cierren.  ¡Maldición! ¡Demasiado tarde!

Ahora tendrá que bajarse en la siguiente parada y caminar un buen rato hasta casa. Al menos hay luna llena, se dice a sí misma mientras comprueba que el vagón ha quedado vacío de historias que imaginar. Eso cree ella. Yo gano unos minutos más para seguir imaginando la suya.

23 de abril de 2016

Alberto Escalante Leno

 

Sola.  Una vez más sola. Cuántas noches de amor tienen que pasar. Cuánta piel se desgasta en una ilusión de una cama ardiendo. Cuánto coraje se necesita para volver a caminar… sola

La vida se ríe a carcajadas jugando con mi destino como si yo fuera una muñeca de trapo. Roída, sucia pero siempre disponible para un nuevo juego de sarcasmos donde el objetivo final es apuntar al corazón. Torturando la ya débil esperanza de ya no estar… sola.

Entre mis manos tu último mensaje, tu última foto. Eres todo para mi, eras todo para mi. Paseo en nuestros recuerdos hasta sentir que mis lágrimas corren hasta rozar mis labios. Limpios mi rostro pero no se borra tu nombre de mi cabeza.

El vagón se mueve pero mi tristeza sigue de pie, indoblegable, incansable, invencible. Este amargo viaje no termina, es eterno, es para siempre.

Me veo a mi misma sentada con un abrigo del color de la sangre que ya no corre en ti. Así visto mi luto para ti.

La voz del megáfono me recuerda mi parada. Es hora de recorrer la oscuridad hasta para llorarte una vez más… para recordar una vez más que me has dejado…sola.

Melina Victoria Mireles Blanco-U

23 de mayo de 2016

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Acerca de yunquizas

Ciencia y Arte. La Psicología del Artista en Escena… Alma Libre en un Mundo de encierros…

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