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Relato en gotas


El día es lluvioso y curiosamente me siento agradada por las gotas que se resbalan en mi ventana.

Mi hermana mayor está sentada en la sala, mira las nubes como pasan de gris a negro y una centella ilumina las ventanas de los edificios y refleja su poder en el calmo océano pacifico.

Mi hermano aun descansa en su cama. Sueña con los truenos que para él son entretenidos juegos de los dioses del Olimpo. Nunca le ha temido a la lluvia, al contrario, ilumina su carita cuando siente que una tormenta se avecina.

Me alisto para salir y disfrutar de la humedad. De pequeña bañarme en la lluvia era impensable por mi recurrente asma. Hoy, forma parte de mis riesgos calculado, como si la niña que vive en mí se aventurará a hacer una gran travesura mientras la adulta toma el paraguas.

Mi hermana en cambio, prefiere quedarse en casa y aprovechar el tiempo para hacerse algún tratamiento de belleza. Esta vez toca una mascarilla verde que le da a su rostro el perfecto aspecto de Frankenstein. Los efectos de tal tratamiento son efectivos para matar el tiempo porque la belleza de su rostro realmente no requiere de tales pociones.

Es hora de levantarse. Mi hermano abre los ojos con una sonrisa que delata  un sueño de sus favoritos. Son pasadas las 12 pero al ser domingo no hay un ápice de culpa. Mi madre le da un beso sonoro en la mejilla y él le devuelve tres. Siempre ha sido generoso en eso de dar besos y abrazos. Abajo en la cocina mi padre se dedica a preparar los ingredientes para el almuerzo. Hoy le toca a su segunda hija cocinar pero no puede evitar hacer algo que le de algún crédito en la suculenta comida.

Me detengo en una calle y observo a las personas pasar con sus paraguas y sus impermeables. Unos caminan apresurados, otros se refugian dónde pueden. En ese instante, lanzo un suspiro de nostalgia.

Mi segunda hermana (la chef del día) llega a la casa quejándose del calor y rogando a Dios por un día nublado y fresco. En ese instante, mi hermano le pregunta a mi madre cuando volveremos a vernos. Mi madre le contesta que tiene que tener paciencia abrazándolo con cariño.

Ya la mascarilla verde se ha secado. Se la quita no sin antes tomarse una foto para enviarla a la familia y poder reírnos un rato.

En Madrid sigue lloviendo…

En Panamá la tormenta ha cesado…

En Maracaibo el sol resplandece poderoso…

En el corazón de esta familia se resguarda el deseo de volvernos  a reunir bajo un mismo cielo, sin que importe la lluvia o el sol.

Melina Victoria Mireles Blanco-U.

19 de octubre de 2015

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Acerca de yunquizas

Ciencia y Arte. La Psicología del Artista en Escena… Alma Libre en un Mundo de encierros…

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