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Estrella curiosa


En una galaxia vivía una pequeña estrella que bostezaba una y otra vez. Su abuelita, una estrella gigante roja, ya cansada de ver a su nieta aspirando y exhalando polvos cósmicos le dijo:

  • Pequeña ¿Por qué estas bostezando todo el tiempo? Pareciera como si nunca descansaras.

La estrellita mirando a su abuelita le respondió:

  • ¡Al contrarío!  Estoy muy aburrida de estar aquí sola,  sin hacer nada.
  • Nieta querida– respondió la estrella roja – ¿no ves el enorme espacio que nos rodea? Ve a dar un paseo y verás como nunca volverás a bostezar.
  • ¿Sola? – Pregunto asustada la estrellita – ¿y si un hoyo negro me traga?
  • Si pequeña, irás sola – Su abuela la miró y sonrió como quien sabe un secreto – Esos gusanos oscuros están a millones de años luz de aquí. Anda tranquila, verás cómo te diviertes.

Y así, la abuela le dio un empujoncito a la estrellita y está giró hasta casi tropezar con un planeta azul. El planeta la miró y la estrellita vio una enorme nube gris en su mirada.

  • Perdón señor no quería molestarlo.

El planeta tosió un poco y le dijo con voz muy cariñosa.

  • Me has asustado pequeña pero, no ha pasado nada.
  • ¡Si ha pasado señor! esa nube oscura en sus ojos… ¿he sido yo la causante? – agitada y casi llorando comenzó a disculparse – Lo siento mucho no quería hacerle mal, solo andaba por aquí distraída y…
  • jajajajaja – rió el planeta – no te preocupes por las nubes grises que veas, es que tengo conmigo unos huéspedes que las hacen.
  • ¿Huéspedes?
  • ¡Si! Son como unas pulguitas que a veces se ponen a jugar con cosas extrañas. En realidad no sé muy bien para qué, pero eso hace que me caliente a veces o que se me nuble la mirada. A veces me da comezón y me refrío un poco.
  • ¿Juegan? Señor planeta, yo creo que más bien lo están ensuciando. ¡Los debería regañar!
  • No puedo pequeña, ellos deben aprender solos.
  • No entiendo nada – Dijo la pequeña arrugando su cara – ¿Cómo van a aprender solo?

El planeta  se quedó pensativo y luego de carraspear su garganta contesto:

  • Verás, ello son parte de mi y yo parte de ellos. Si yo me enfermo ellos también, es por eso que han aprendido a dejar de hacer ciertos juegos que nos hacen daño. Pero hay cosas que tardan en darse cuenta. Por eso debo tener paciencia.
  • Pero, ¿Cómo hacen esos juegos si después todos se sentirán mal? No entiendo…

El planeta avergonzado y triste respondió:

  • Yo tampoco entiendo pequeña. Les he hablado pero parecen no entenderme.

La estrellita lo animó – No se ponga triste por favor.  Cuente con mi ayuda cuando la necesite

  • Eso lo sé – contestó sonriendo el hermoso planeta azul.

 

  • ¿Lo sabe? ¿Cómo lo sabe si apenas hoy nos hemos conocido?

 

  • Tú también eres parte de mi pequeñita, todo lo que ves a nuestro alrededor forma parte de lo mismo.

 

  • ¿Qué es lo mismo?

 

  • ¡El Universo! Jajajaja – el planeta reía muy contento – Mira hacia allá ¿ves esa enorme estrella?

 

  • Claro es mi papá el Sol.

 

  • Muy bien, pues gracias a tu padre puedo tener calor y energía. Ahora mira hacia este otro lado.

 

  • ¿Quién es ella? – dijo la estrellita mientras observaba un globo blanco.

 

  • Ella es la Luna… bueno desde aquí solo vez su cara blanca. Gracias a ella el agua que hay en mí se mueve y también es la razón de que muchos de mis habitantes suspiren enamorados.

 

  • ¡Qué bonito! Pero ¿yo? ¿Cómo te ayudo?

 

  • Tu pequeña eres parte de la luz que ilumina la penumbra de la noche. Eres parte de muchas historias y has acompañado a muchas de mis pulguitas en la oscuridad, mostrándoles el camino o inspirando historias.

En ese instante la estrellita empezó a brillar con más fuerza y empezó a girar mirando a todo su alrededor. Estaba llena de alegría, sintió que debía conocer a todos los que la rodeaban porque eran parte de ella también.

  • Sr. Planeta gracias por acompañarme pero debo volver.
  • Has sido un gusto verte pequeña conversemos cuando quieras.

La estrella sonrió y volvió junto a su abuelita, que estaba a solo un giro de ella

  • ¿Cómo te fue estrellita? – Preguntó  la hermosa abuela roja  con gran interés.
  • ¡Muy bien! Aprendí que hay planetas con pulguitas, que hay lunas que hacen suspiros y que no soy lo que tú ves.

La abuela la miro con curiosidad y ternura.

  • Y si no eres lo que veo entonces, ¿qué eres?
  • Soy… ¡Somos el universo!
  • Si pequeña… todos somos el Universo…

Desde ese día la pequeña estrella nunca volvió a bostezar, ahora siempre estaba curiosa. Comprendió que jamás estaría sola y qué le quedaba mucho por descubrir sobre si misma a través de las historias de todos lo que la rodeaba.

Fin.250px-Proxima_Centauri_2MASS_Atlas

 

Melina Victoria Mireles Blanco-U

23 de febrero de 2015

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Ciencia y Arte. La Psicología del Artista en Escena… Alma Libre en un Mundo de encierros…

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